Silvia Carpintero ofrece comida casera y «de la huerta» en un establecimiento al que ha dado su toque personal manteniendo la esencia de lo que fue una fábrica de harinas, motor en la comarca, en un barrio muy peculiar
Entre las localidades sorianas de Yelo y Medinaceli y la provincia de Guadalajara se encuentra Miño de Medinaceli. Con tres pedanías (Ambrona, Ventosa del Ducado y Conquezuela), 83 empadronados según el último censo y ayuntamiento propio, este pueblo soriano cuenta con una especie un barrio ‘bajo’, a un kilómetro aproximado del núcleo urbano. El barrio de la ‘Estación’, que surgió a raíz de la línea del tren Soria-Torralba. Allí había almacenes comercios y una fábrica de harina. Una actividad que se frenó en los 80, cuando el tren dejó de bajar pasajeros. Este barrio que hace cuatro décadas fue epicentro de comerciantes es ahora un punto de referencia turístico, con albergue, casa rural y restauración. Lo que en su día fue una fábrica de harinas es, desde el 1 de julio, el ‘Café de la Estación-Bebiendo Estrellas’.

La pasión por la cocina, y una más que positiva experiencia anterior tres años atrás en este emblemático local, animaron a Silvia Carpintero a ponerse la ‘chaquetilla’ de chef y cumplir «en parte» uno de sus sueños. La gerente de este singular espacio trabaja en el Ayuntamiento de Sigüenza, su localidad natal, pero tiene mucha vinculación con la localidad soriana, de donde es su marido, Daniel Pérez, «el último niño que nació en Miño», y que también se pone el delantal para ofrecer un servicio de restaurante y ocio en un local muy personalizado.
La historia se remonta a aquel verano de pandemia, el de 2020, cuando las restricciones marcaban el día a día de una sociedad que pedía espacios abiertos y naturaleza. Así, siete amigos de Miño de Medinaceli se lanzaron a abrir el patio de lo que es hoy el establecimiento. Un amplio espacio natural con una especie de ‘bar-kiosco’ de madera, amplia terraza y barbacoa. Lo que en principio fue una idea de ocio para pasar un verano atípico entre amigos fue el ‘boom’ de la comarca. El local interior, que pertenece a la casa rural anexa, funcionaba como cafetería.
Tras el verano cada uno de ellos siguió con su día a día y fue en el verano de este 2023 cuando Silvia se animó, en este caso junto a su marido, a continuar con aquella bonita experiencia y perseguir a la vez su sueño de dedicarse a la cocina. En esta ocasión la gerencia era de todo el local y de la terraza exterior, aunque aquel enorme patio del «verano de la pandemia» también está disponible para eventos, previa reserva.
Silvia ha mantenido la esencia de lo que era el local pensado como cafetería, en sus inicios junto a la casa rural, aportándole su toque personal con algunas remodelaciones, y conservando también la esencia de lo que fue aquella fábrica de harinas motor de la comarca. Así, se mantiene de aquella fábrica una enorme mesa donde ahora amigos y vecinos se reúnen para cenar o ver deportes en un proyector que cuelga del techo, entre otras máquinas, aperos y guiños a este oficio.
